¿Necesita Google un Steve Jobs?
En los últimos años, Google se ha convertido en una empresa más definida por la fragmentación que por el enfoque. Cambian nombres de productos, rediseñan interfaces sin explicación clara y plataformas antes sólidas pierden coherencia mientras los equipos internos compiten entre sí. Todo esto revela un problema más profundo: la ausencia de una visión unificada de producto. Steve Jobs entendía que la verdadera innovación no consiste en añadir más funciones, sino en eliminar lo innecesario y marcar un rumbo claro.
Jobs creía en la simplicidad radical. Cuando regresó a Apple, eliminó cientos de productos y concentró todos los esfuerzos en unos pocos que realmente importaban. Hoy Google está en el extremo opuesto: maneja docenas de servicios superpuestos, muchos a medio desarrollar, muchos abandonados y muy pocos integrados entre sí. El resultado es una experiencia de usuario inconsistente, confusa y desconectada de las necesidades reales.
Un líder al estilo de Steve Jobs retaría a Google a recuperar la claridad. Haría la pregunta que pocos ejecutivos se atreven a formular: “¿Por qué estamos construyendo esto?” Y si la respuesta no fuera convincente, el producto sería rediseñado o eliminado. En lugar de lanzar funciones y microproductos sin fin, Google podría concentrarse en menos herramientas, pero más potentes y realmente integradas.
La mayor fortaleza de Google siempre ha sido su potencial. Tienen la tecnología, el talento y los recursos para dominar sectores completos. Pero el potencial sin visión se convierte en ruido. Jobs enseñó que la innovación requiere no solo imaginación, sino disciplina: la valentía de simplificar. Esa disciplina es precisamente lo que Google no tiene hoy.
Entonces, ¿necesita Google un Steve Jobs? Tal vez no al hombre, pero sí la filosofía: volver al enfoque, a la integración y al diseño centrado en el usuario. Sin eso, la empresa corre el riesgo de hacerse más grande, más ruidosa y menos relevante con cada año que pasa.